Amor 1

Amor

Amor 2

El amor y el enamoramiento son cosas diferentes. No podemos controlar el enamoramiento.

El enamoramiento lo produce el cerebro cuando nos encontramos muy mal. Cuando nos encontramos en una encrucijada en la que no sentimos la valentía para tomar una decisión. No encontramos como atrapados, confundidos.

El enamoramiento se produce para sacar de nosotros nuestro máximo potencial, el mayor valor, la mayor claridad, la mayor fuerza… y que nos permitirá superar ciertas dificultades. Suele ocurrir en la adolescencia y alrededor de los 40.

Una persona feliz no se enamora.

En general, usamos a otra persona para enamorarnos, aunque podemos enamorarnos de un icono, de un famoso, de un coche o incluso del enamoramiento de otra persona.

Durante el proceso de enamoramiento, liberamos gran cantidad de oxitocina que va a los glóbulos prefrontales y dejamos de percibir correctamente la realidad.

Cuando logramos tomar las decisiones que no lográbamos tomar, el enamoramiento deja de ser necesario para y va desapareciendo. Por tanto, el enamoramiento tiene fin. Pueden ser unos días o unos años.

A partir de ese momento comenzamos a ver las cosas que no nos gustan del otro y que habíamos obviado: vive lejos, no le gusta bailar, no me gusta su madre o sus amistades, no le cae bien a los míos… Y tomamos la decisión consciente de amarlo o no. Por tanto, al contrario que el enamoramiento, el amor es una decisión consciente. Una decisión consciente de poner un tabique de amor todos los días.

La oferta y la demanda

Como amo es mi oferta. Como me siento amado es mi demanda.

Si para mí amarte es sacarte de trabajar pero a ti el trabajo de te hace feliz, la oferta y la demanda no coinciden y la relación no funcionará.

Para que la relación funcione, todos los días hay que poner una tabique de amor cuya oferta coincida con la demanda de la otra persona.

La forma de amor y de sentirnos amados es diferente para cada persona. Cuando alguien nos dice «te amo», deberíamos saber exactamente a que se refiere. Igual nos está diciendo «Te voy a dominar y a anular como persona». Por otro lado, nosotros mismos también deberíamos saber cómo amámos para poder hacer un gesto que represente amor todos los días.

Debe haber compatibilidad en la forma de amar y de sentirnos amados. Si no, por mucho cariño que haya, no funcionará. Tiene que ser compatible lo que uno piensa que es una relación de pareja y lo que el otro piensa que es una relación de pareja.

El amor romántico

Yo soy feliz si tú eres feliz, aunque tú felicidad no me incluya. Esto es imposible en el amor romántico.

Características:

  • el amor es finito. Tu das a tu pareja el 100% de tu amor, y ya no queda amor para los demás.
  • hay dominación. Uno domina y el otro se somete.
  • tiene confrontación. Uno tiene la razón y el otro no.
  • tiene competencia: yo soy más que tu, yo tengo más que tu, etc.
  • hay exclusión del resto. Tu y yo pero sin el resto. Quedan excluidos los amigos, parientes…
  • no le dices lo que piensas a tu pareja por no generar conflicto. Poco a poco vamos dejando de existir. Esto es un símbolo del amor romántico: dejar de existir, o morir por amor. Le das todo a tu pareja, pero olvidándote de ti mismo. Por tanto, lo que entregas es vacío.

El amor como verbo

Es básicamente justo lo opuesto, en todos sus puntos, al amor romántico.

Cómo superar una ruptura de pareja

En el año 1969 Elisabeth Kubler-Ross publicó su libro «Sobre la muerte y los moribundos» en el que contaba que hay 5 etapas que las personas que deben sobreponerse a la muerte de un ser querido deben pasar.

El duelo significa pérdida, y estas 5 etapas son extrapolables también a las rupturas amorasas, ya que deberemos transitar por las mismas etapas.

1. Shock emocional y negación.

2. Rabia, ira y culpa contra la otra persona o contra mi. En esta etapa puede llegar la fantasía de reconciliación. Cuando el duelo tiene que ver con el fallecimiento de un ser querido sabemos que es un proceso irreversible. Pero en una ruptura de pareja, no es así, y esto alimenta la fantasía de reconciliación

3. Tristeza y dolor. Sueles tener sentimientos de vacío y soledad. Es el peor momento del duelo. Esta es la primera vez en la que tienes consciencia real de lo que ha ocurrido. Es importante no reprimir ninguna emoción que surja. A veces ocurre que para aliviar este proceso de tristeza metemos a otra persona que alivie nuestro dolor en esta fase del duelo. Esto es un problema porque nos evita continuar con el resto de fases del duelo.

4. Aceptación.

5. Renacer y crecer. Vuelves a ser la persona que eras antes de iniciar el proceso de ruptura o de haber estado con esa persona. Comienzas a sacar conclusiones de lo que ha ocurrido.

Para evitar quedarnos atascados en cualquiera de las fases del duelo es fundamental tener contacto 0 con tu expareja (no tener contacto con esa persona en absoluto). Si queremos que quede una amistad con tu expareja, puede ser algo que surja, pero con el tiempo, no de manera inmediata.

Los apegos

Seguro

Inseguro / Ambivalente

Inseguro / Evitativo

Los niños con un estilo de apego evitativo tienden a evitar a los progenitores y cuidadores. Esta evitación se suele volver especialmente pronunciada después de un período de ausencia. Es posible que estos niños no rechacen la atención del padre o la madre, pero tampoco buscan consuelo o contacto. Los niños con un apego evitativo no muestran preferencia entre un progenitor y un completo desconocido.

Niños con apego evitativo:

  • Pueden evitar al padre y la madre
  • No buscan mucho contacto o consuelo de los progenitores
  • Muestran poca o ninguna preferencia por los progenitores frente a los extraños

Adultos con apego evitativo:

  • Pueden tener problemas con la intimidad y desarrollar miedo al compromiso
  • Invierten poca emoción en las relaciones sociales y románticas
  • Poco dispuestos o incapaces de compartir pensamientos o sentimientos con otros

Como adultos, aquellos con un apego evitativo tienden a tener dificultades con la intimidad y las relaciones cercanas. Estas personas no invierten mucha emoción en las relaciones y experimentan poca angustia cuando una relación termina.

A menudo evitan la intimidad utilizando excusas (como el trabajo). Otras características comunes incluyen la incapacidad de apoyar a las parejas durante los momentos estresantes y la incapacidad de compartir sentimientos, pensamientos y emociones con las parejas.

Inseguro desorganizado

Miedo al compromido

El miedo al compromiso puede definirse como el temor a mantener una relación sentimental a largo plazo. Se trata de un temor que suele asociarse más al género masculino, pero la realidad es que también las mujeres pueden verse atenazadas por él.

Los roles de género asociados a mujeres y hombres y la socialización (es decir, como nos educan a mujeres y hombres desde pequeños) tienen que ver mucho en la mayor proporción de hombres con miedo al compromiso respecto a las mujeres.

Generalmente, quienes desarrollan miedo al compromiso están abocados a fracasar en sus relaciones de pareja a largo plazo. Estas personas, abrumadas por la perspectiva de un compromiso duradero, acaban huyendo de la relación, aunque quieran a su pareja.

Porque la falta de amor, cariño o respeto no son el verdadero problema: la cuestión radica en los sentimientos que llevan a la persona a agobiarse frente a la perspectiva de una vida comprometida. Sentirse “atado» a una pareja, aunque se trate de una persona maravillosa y que cumpla sus expectativas, es causa de pavor y de confusión. Por lo tanto, la persona opta por sabotear incluso sus propias relaciones de pareja.

¿Tu relación de pareja está pasando por un momento difícil? Queremos que sepas que en nuestro centro de psicología ofrecemos terapia especializada para parejas. Nuestras psicólogas trabajarán contigo y tu pareja para construir una base más sólida y positiva.

Características de una persona con miedo al compromiso

Estas personas presentan unos rasgos generales como los que describimos a continuación. Aunque solo es una lista genérica que no siempre tiene por qué cumplirse:

  1. Tienen miedo al cambio: por ello, les cuesta tomar decisiones personales importantes.
  2. Son altamente independientes y no conciben depender de nadie.
  3. Necesitan tomar el control de todos los aspectos de su vida, incluyendo las relaciones.
  4. Pueden haber desarrollado apego evitativo en su infancia y ahora evitan la intimidad en sus relaciones.
  5. Les cuesta gestionar y expresar sus sentimientos y emociones.
  6. Valoran su propia libertad por encima de todo y temen perderla.
  7. Se autoengañan pensando más en lo que les perjudicaría una relación de pareja que en lo que les aportaría.
  8. Haber crecido con un modelo de pareja poco sano. Imaginemos a una persona que ha crecido en un hogar en el que los padres discutían constantemente.

No obstante, como decía antes, estos patrones no son comunes a todas las personas. Por ejemplo:

  • Existen personas que saltan compulsivamente de una relación a otra a medida que la relación se afianza (precisamente para evitar que se afiance).
  • Otras veces se escudan bajo la falsa expectativa de una “relación perfecta» para forzar la ruptura con su pareja actual (tirando del argumento de “no debo compartir mi vida con cualquiera»). Esta es otra forma de autosabotaje.
  • En otras ocasiones, la persona desarrolla un perfil “conquistador», que es perfecto para iniciar un romance, pero que le hace sentirse confundido cuando la relación pide una mayor implicación.

¿Te merece la pena renunciar al compromiso? ¿Has podido identificar si es una decisión libre o basada en el miedo?