Formarse es bueno, aprender lo es más

En mi profesión, uno nunca debe dejar de aprender. Funciona así. En otras profesiones quizás puedas vivir de lo aprendedido para el resto de tu vida. En la mía, es muy probable que si dejas de aprender, en unos años tengas un problema.

Para aprender hay muchas vías. Yo trabajo en una de ellas. Soy profesor. Intento enseñar al alumno a resolver los problemas que más tarde le surgirán en el trabajo. Sin embargo, en clase, esto se hace en un ambiente controlado. Los retos que voy proponiendo están organizados por áreas temáticas y van apareciendo por orden de prograsiva dificultad. Además, voy resolviendo las dudas de mis alumnos en la propia clase, mientras estas van surgiendo.

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Cuando te dedicas profesionalmente al desarrollo, y ya no estás en ese ambiente controlado de la formación, sigues aprendiendo. Pero ahora todo es más complejo, más duro, más retador. Quizás tengas a alguien a quien preguntar dudas, pero su función no es esa, aunque puntualmente pueda hacerlo. Por otra parte, suele haber unos tiempos más o menos ajustados para hacer las cosas, en los que no suele contemplarse el tiempo dedicado a investigar, que es algo que a menudo debemos hacer para resolver los problemas que se nos plantean.

Por todo esto, aunque sigues aprendiendo, y mucho, enfrentarse a este ambiente desordenado de aprendizaje sin estar seguro de controlar todas las variables de los problemas que podamos tener… acojona. No queremos fallar, no queremos perder batallas, ni que nos echen del trabajo, ni sentir que nos hemos equivocado.

Sin embargo, hay un momento en el que estamos más o menos preparados para ese reto. No totalmente preparados, pero si lo suficiente para poder afrontar el reto con ciertas garantías. Y en general, es en ese momento, cuando tenemos “ciertas garantías” de salir victoriosos (en lugar de tener la total certeza de conseguirlo), cuando debemos afrontar el reto.

Si no conseguimos superar el reto, si realmente no estabamos lo suficientemente preparados… la hemos cagado. Afrontar el reto fue una elección equivocada y las elecciones equivocadas se pagan. Pero para equivocarse, primero hay que tomar decisiones, no hacerlo es realmente la gran cagada.

Estuve trabajando en Japón como malabarista. Si hubiese esperado a tener el nivel de malabares que yo quería para ir al casting, jamás hubiese pisado japón.

Si hubiese esperado a tener las habilidades que yo consideraba necesarias para impartir formación, habría desaprovechado infinitas oportunidades de ganarme la vida como profesor.

En cada proyecto, suele haber una parte en la que no tengo experiencia. Si, dado que me falta esa experiencia, rechazo el proyecto, apenas haría proyectos, y por tanto, apenas tendría experiencia. Me tiro a la piscina porque me digo “si en el pasado lo pude hacer, en esta ocasión también”. Pero la primera vez que me lancé a la piscina, no tenía este argumento para armarme de valor.

Nunca vamos a estar 100% preparados. Pero llega un momento en el que debemos abandonar el cómodo lecho de la formación para tratar de entrar en el mercado laboral y seguir aprendiendo cosas, aunque sea en este ambiente más hostil. Quizás sería buena idea ir dedicando menos tiempo a los videotutoriales de youtube, lynda, udemy… para ir dedicándoselo por las páginas de búsqueda de empleo de infojobs, domestika, tecnoempleo, LinkedIn..

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